7.26.2013

Gente maravilhosa


Mar del Plata - Son tan expresivos, la mayoría de ellos, que cuentan sin hablar. Cuando están tristes, te empapan de lágrimas y cuando la alegría los invade, dibujan sonrisas en caras ajenas tan grandes y llenas como la que explotan en sus caras.


Luciano, Felipe, Victor y Hugo vinieron a Mar del Plata a ver a la selección brasilera de voleibol disputar el Final Six de la World League, especialmente a eso. Primeramente a eso. Los dos primeros desde Porto Alegre y los otros dos, desde Río de Janeiro. Gauchos y cariocas. Los cuatro se hospedan en el mismo hostel que yo y se encargaron de musicalizarme la estadía. Porque ellos cuando hablan, en realidad cantan. Palabras que hacen una melodía natural y constante. Musicalidad perfecta. Gente maravillosa.
Luciano y Hugo particularmente, saben mucho de voleibol, de diferentes maneras, y en diferentes aspectos. Sobre distintas épocas y jugadores que las marcaron. Pero ambos saben, eso es innegable. Y entonces, el balance es positivo siempre, siempre ganancia. Por eso de la musicalidad y eso de aprender, te dan ganas de hablar voleibol cuando llegas al hostel después de ocho horas en un estadio, donde el voley es lo que ves, respiras, y de lo que hablas.

Italia ya le ganó a Bulgaria el partido por el bronce de esta edición y ahora es el momento de la Final. La espera da tiempo para que los kioscos de los pasillos del Islas Malvinas, se llenen de gente que va a comer algo o a tomar café para cortar el frío y la espera. Los animadores dentro, hacen su laburo para mantener a la gente entretenida. Sábado y domingo han sido días de shows con bailarines foráneos, juegos de luces y vestuario especial. Y la previa del último y más trascendental juego del torneo, claro que no es la excepción.
Los cuatro están tranquilos. Nada tensos. Hablan, ríen, Luciano recién llega de su travesía rutinaria de ir a sacar fotos desde cualquier parte del estadio, que después nos mostrará. Felipe habla con los españoles, dos chicas y un pibe, que vinieron del hostel a ver el día final de la Liga Mundial. Bailan las coreografías endemoniadas que propone el animador. Tranquilidad. Alegría de estar ahí y de que Brasil, lo haya hecho de nuevo, y este en otra final de el torneo que más veces ganó, al que nunca faltó y del cual, con la de hoy, tiene 17 medallas. Lo que esta por empezar definirá de que color es esa medalla. El rival es Rusia. El que le ganó hace 11 meses en los olímpicos de Londres, y el que le ganó hace cuatro días en este mismo lugar en la jornada inaugural del torneo. El fantasma soviético que lo persigue hace un año. Felipe me lo dice en la previa, en un español buenísimo, que engañaría al oyente distraído: hoy va a estar difícil.
La batucada que suena a brasilero por elección de ellos, da una vuelta a la cancha a ritmo de tambores y sale por un costado, Luciano ya se sentó y se da vuelta para saludar a dos rusos que tiene detrás y yo, al lado. Les desea buen partido, y los europeos responden y coordiales devuelven el mismo deseo. Bernardinho, ahora, deja de ser esa deidad que es para brasileros y para todo amante del voley en general, y esta des espalda a la red durante el calentamiento de saque y recepción. Recibe las bolas que vienen de las recepciones brasileras y le pasa la pelota a los sacadores brasileros, en un movimiento dinámico. Quizás lo haga siempre, pero verlo hacerlo es raro. Porque ningún técnico de este torneo lo hizo y porque es Bernardinho. Quizás sea también por lo que se juega. Que es un lugar al que Rezende ya asistido infinidad de veces. Pero es el rival. Y el técnico brasilero quiere transmitirlo siendo uno más. Visoto, el opuesto brasilero, que se lesionó hace cuatro días ante los rusos, parece que juega. El arma más determinante de Brasil en la previa pudo jugar sólo un set en este Final Six. Y vuelve por la revancha personal, y la de su equipo. Revancha que vienen añorando hace once meses, aunque no lo digan en las conferencias de prensa o en los testimonios posteriores y previos a los juegos. La cabeza del deportista funciona así la mayoría de las veces. La revancha, es uno de los elementos necesarios para mantenerse motivado dentro del alto rendimiento. Y vale. Y valerá siempre y cuando esto sea entendido como un deporte, como un juego. Y no como una guerra o alguna cosa terrible en la que perder no esta en la paleta de opciones.
Los cuatro cantan el Himno de su país en voz alta. No es raro. Lo hacen siempre, pero de visitante siempre se canta más fuerte. Migajas de un nacionalismo que todos tenemos, o que todo queremos que tengan. No sea cosa que seas un antipatria. La delegación rusa hace lo mismo. Todo listo, momento del juego. A lo que vinimos, porque juegan Brasil y Rusia al voley y eso no entiende de banderas si a vos te gusta este deporte. Hay un pequeño show de lásers antes que no se ven bien de donde estoy yo. Ahora sí, seis de un lado y seis de otro y el dios pelota al aire.

Brasil arranca ganado cinco a cero. El bloqueo verdeamarelo domina y levanta a la torcida. Mis amigo festejan cada punto, están rellenos de goce. Nadie esperaba esto. Ellos menos. Loa rusos, bueno, no se que dicen, pero no parecen felices. Mario, el libero brasilero, vuela para salvar una bola contra los carteles lumínicos y la trae, el Islas Malvinas aplaude la jugada que terminará en punto ruso. Y desde allí, serán cuatro consecutivos castigando con el saque para romper esa ventana que había sacado Brasil. 6 – 5. Mucho para Bernardinho. Minuto. Y los rusos que sigo sin entender que dicen, festejan, pero siguen sin parecer felices. A mis amigos la sonrisa no se le termina de borrar pero si se les achica. Brasil llegará primero al técnico de ocho. Rusia con un bloqueo soberbio lo dará vuelta, sacará una luz importante gracias a sus atacantes y Brasil intentará volver, pero todo le costará mucho. Los rusos son imperativos desde la red. Los brasileros ahora contemplan en silencio y soportan con hidalguía los gritos furiosos de los rusos que ven como su equipo se escapa. Isaac mete una bomba de saque, hace ruido de bomba cuando sale de la mano del central brasilero, y la torcida tiene un respiro de ilusión y se levanta al ritmo de ¡Isaque! ¡Isaque! Lucarelli es el bálsamo ofensivo entre tanta pared soviética, y el servicio ruso se equivoca demasiado. Destruye diferencias numéricas desde ahí. Y Dante Amaral, Dante, que viene siendo el profesor de la clase de defensa que Brasil esta dando en esta final para poder seguir en partido, ahora va a la red, y afloja ante el muro ruso gigante. Una sutileza. Voleibol Arte. De repente, la paridad es total. Pagar la entrada esta siendo un gran acierto. Ahora mis amigos se levantan al son de la torcida amarilla, ¡Brasil, Brasil Brasil! Los suyos lo vuelven a dar vuelta.
El palo por palo del final es inquietante. Y en ese palo por palo el que esta mejor en el momento decisivo del primer set es Rusia. Que se pone doble set point. 24 – 22 y los rusos aúllan en tono grave. Lucarelli dibuja algo increíble por zona cuatro, y salva el primero, lo intentará hacer de nuevo, pero chocará con la exigencia del bloqueo ruso. 25 – 23 para los campeones olímpicos. Y mis amigos miran la cancha, pero no hablan. Miran, piensan, se lamentan y se dan esperanzas pero en silencio. Los rusos de al lado creo que ríen.

El segundo parcial comienza con un Spiridinov imposible para la defensa brasilera. Y encima este te los festeja. Si errara, todos acá diríamos que esta hecho de humo, pero no. Mete y te lo festeja. Decimos que es medio tribunero. En realidad sabe que en este, como tantos otros deportes, se juega en un gran porcentaje con la cabeza. Pero este además es muy cambiante por el sistema de puntos. Y pega por cuatro, y grita y agita a la tribuna. Y la primera todo bien, pero en un momento clave o con mucha ventaja, es punto doble para las cabezas rivales. Además Brasil comienza aletargado en ofensiva. La cara de Luciano, tiene todo esos síntomas. 6 – 2 para los europeos, que llegarán arriba al primer técnico y desde ahí se escaparán. Bien lejos. Porque Brasil sigue sin encontrar el camino del juego, el bloqueo ruso es incómodo e impasable y eso jugadores con caras de oficinistas, de burócratas soviéticos destruyen la defensa y recepción rival. Hugo esta inmóvil en su asiento, la caída es inminente, salvo que medie esa ilógica que tiene el deporte. Porque Rusia llega primero al 16 y rápidamente se pone 19 – 12. La alegría es sólo rusa. Lo que hace Nikolai Pavlov por las puntas del ataque ruso, es intimidante. Y lo hace jugar con el ritmo de la Katusha a Roman, el ruso que tengo al lado. Sigue la musiquita con la cabeza y cuando hay que aplaudir para completar la melodía, aplaude. Esta féliz. Si, Román esta feliz. Pavlov sigue insostenible y lo lleva hasta el final. 25 – 19. 2 – 0 para Rusia en la Final del Final Six.

Los brasileros vieron lo mismo, y salen de ese letargo pesado producto de la sandunga que le acaba de dar Rusia a Brasil, y se dan vuelta para en inglés preguntarle a Roman quien es Pavlov. De donde salió. Román, también en ingles, cuenta que es ucraniano, que tiene alrededor de los treinta años y que es uno de los pocos jugadores no nacidos en Rusia que defendió la camiseta de la selección. Aprovecho el buen humor de mi vecino, y le preguntó como se llama esa musiquita que ponen cada vez que Rusia hace un punto. Me dice Katusha. Le pido que me lo escriba, lo hace y vuelve a su asiento. Al rato me está contando que la Katusha es un símbolo para los rusos porque fue un tanque que se utilizó durante la Segunda Guerra Mundial y fue muy importante para defender los intereses de la Unión Soviética.
Me quedó pensando en Pavlov. En que es un tanque. En decirle Katusha Pavlov. Pero no, mejor no. Me quedaré tranquilo un día después cuando en el hostel una chica rusa de no menos de 20 años me dijo que la Katusha era un tanque que mataba mucha gente. Un asco, haciendo cara de fastidio.

Rusia alcanzaría rápido y sólido el primer técnico del tercero dejando a Brasil en dos. Como para no cortar con las emociones y sensaciones que reinaban hasta ese momento en el Polideportivo de Mar del Plata. Rusia manejaba a voluntad todos los fundamentos del juego y lastimaba desde todos eso lados. Felipe apoyada en la valla de adelante con la bandera de Ceará que no le dejan colgar en la mano, grita un ¡Vamos Brasil! que suena incípido, apagado. Los rusos siguen demoliendo la tribuna también. Los otros tres están inmóviles, callados. De a ratos y por un rato, Victor habla con Hugo. Y encima Muserskiy, el gigante central ruso, que manda al suelo brasilero todo aquello que se anima a pasar por su radar de 2.18. El 12 – 4 (y los dos sets anteriores) parecen muy lejos. Pero Brasil va. Se anima, el ingreso de Visoto le da aire a la ofensiva brasilera. Y a Luciano y a Hugo, que parecían no tener más fuerza. El opuesto brasilero es ahora la opción más buscada por Bruno. En el Poli se canta por Brasil, el Poli quiere que gane Brasil, o bueno al menos que empate en dos sets y después vemos en el tie break. Se acabó eso de no querer que nunca, pero nunca, ganen los brasucas. Brasil se querrá venir pero Rusia no lo dejará, nunca. Como durante todo el partido. Es Visoto el que vuelve ir a la red después de varios intentos que chocaron con la manos rusas y serán otra vez esas mismas manos, la de los pibes bien arriba y la de los rusos más altas de todas la que dirán que no. Y Róman se levantará de la platea con el puño cerrado en el medio de un grito. Y yo no termino de mirarlo. Dos metros de felicidad soviética para festejar el 25 – 19 final. El 3 – 0 final y su tercera medalla dorada en World League.
Hugo se dará vuelta, abrirá los brazos con las palmas hacia arriba, torcerá un poco la cabeza hacia su izquierda y dirá todo con esos gestos. Yo haré gestos distintos pero diré lo mismos. Si, Hugo, fueron mucho. Los cuatro acaban de presenciar una sandunga cósmica por parte de Rusia, como la que ellos le dieron a Bulgaria en semis. Y ahí están aplaudiendo de pie a los vencedores.


Al momento de la premiación lo veo en la tribuna de prensa. Ahí están Rusia, Brasil y el bronce italiano, que se vuelve a subir a un podio después de nueve años. Los terceros son siempre los más divertidos. Siempre. Tienen menos carga en la cabeza. Los veo y y pienso pecando de inocente, que ni las medallas, flores y cheques lo hacen tan felices como el aplauso de la gente. El aplauso de la gente, ese reconocimiento bien lejos de casa les devuleve la cara de niños. Se termina la World League con Rusia campeón y una Argentina demasiado lejos de todo. Los periodistas estamos cansados, los voluntarios también. Nos retiramos todos tranquilos, relajados, yo a la espera del 591 en una noche marplatense que no sabes de donde viene el viento y no hay forma de pararse sin que castigue.

Una hora después, llego al hostel y ahí esta Luciano hablando con todos los que están en el comedor sobre lo que paso, nadie se anima a cargarlo, pero porque nadie entiende mucho. Llegó y lo abrazo, y me dice que recién ahora esta cayendo. No me sale decirle nada. La estoicidad va desdibujándose y duele. Le pregunto sí pudo firmar el libro. Me dice que si. Sube el volúmen y vuelve a sonreir y me cuenta como fue que paso. El libro de Bernardinho, que fue otros de los motivos por los cuales vino: que el técnico de Brasil lo firme y se lo dedique a su madre, que según el cuenta se levantaba a las cuatro de la mañana en Sidney y Beijing para ver los partidos del seleccionado.

La primer página después de la portada de “Transformando Suor em Ouro” que lo tiene a un Bernardinho siendo arrojado por los aires por un grupo de jugadores, ahora dice en portugués: Para Doña Cade, un beso grande, Bernardinho.






1 comentario:

  1. gracias,
    por su compañía, por su paciencia, por su disposición para entender nuestro idioma, por tu alegría, por tu amistad.

    ResponderEliminar