8.02.2013

Radio pelota

Tenés la espalda molida, las nalgas entumecidas, las manos rígidas que suenan y suenan cuando las crujís. Hace dos días que no salís mucho a la calle porque trabajas y trabajas, dormís y lees. El sol y el frío y todo situación climática te es exógena en la piel. Lo ves. Es algo que sucede allá, afuera de la puerta ventana. En el balcón, al que salís para fumar cada cierto período de tiempo. Ya no sabes como escribir lo que tenés que escribir y decidís prender la radio. Y te acordás que hay un programa que hacen unos pibes despiertos que se llama Devuelvan la Pelota, que antes fue el libro que tenés en la biblioteca y ahora es radio. Donde te hacen descubrir a un tal Filloy y una tal Caterva mientras Monk toca el piano. Y mientras Monk sigue tocando el piano se habla de Mary la del burdel y su poesía. Y se recitan otros temas de Jiménez. Antes habían hablado con el Turco Oliva que estaba en Tucumán y te habían dejado escribir algo en su muro para ganarte algo. Habían contado la historia de un club de barrio que es una usina de talentos. Son tres pibes al aire, y se nota que les gusta lo mismo, que se llevan bien además de la radio. Se nota, se escucha. Suena Song of Elías de The Cat Empire (nadie pone esa belleza en la radio) y después el Mostro Sebastián. ¿Cuando te preguntan que es la magia de la radio? Decís siempre que no sabés, pero lo que hacen estos pibes es parecido. Es un caño amasado en campito poceado. Dicen que no saben si hacen las cosas bien. Bueno, por lo menos a mi me volvieron las ganas de escribir y me gané un cajita de chow algo.


 "Doña Vischin, Doña Vischin, clap, clap, clap Doña Vischin. Siiii? Me devuelve la pelota" Y la pelota venia. Pelota o circunferencia, toda cosa que tenga capacidad de girar sobre su eje. Digamos una circunferencia de medias o de bolsas. Jugabamos con el Negro Cheché en el patio de su casa. La canchita de dos metros, quizás tres, con el centro del campo ralado y color tierra, tenia dos lujos. Uno, un arco hecho con maderas y redes naranjas de bolsa de cebollas. Y otro arco igual enfrente, el segundo lujo. Que el Cheche había hecho cansado de que quizás nos peleemos por saber si había o no pasado por arriba del buzopalo y no saber si era o no gol. Uno de los grandes debates del fútbol en la historia. Doña Vischin era la vecina de de atrás, y cuando la pelota cruzaba el tapial bajito y movedizo, era esa heroína que nos la devolvía. La que nos devolvía la alegría, hasta el mediodía o hasta las nueve, cuando había que ir a comer. El problema es cuando no estaba la Doña. Y se encontraba en casa, sólo el Don. Don Vischin era sordo, y si la pelota se sumergía en el patio de al lado y no venía nuestra superhéroe, sabíamos que no quedaba otra que sentarse a comer nísperos y jugar a las bolitas. Manuel Ruiz, últimas tres del DNI: 897. Barrio Vélez Sársfield, San Francisco, Córdoba."

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